20 de marzo de 2013

La última y nos vamos


Me cansé. Estoy harta de venderme a mí misma sueños a costa de perder la realidad. Hasta aquí llegó. Así como una mañana de invierno yo te perdí, así te digo hoy, el primer día de la primavera: te lo perdiste.

18 de marzo de 2013

Recuerdo urbano

Aquí, bajo mis pies, solía pasar un canal. Profundo, lleno de agua, transportaba valsas cargadas de flores, de verduras, de personas dirigiéndose a la ciudad con la esperanza de venderlo todo. Poco a poco, el canal que comunicaba Xochimilco con el centro fue cambiando. Un día, como pasó con el agua del valle de Anahuac, el canal no pudo más y se secó: llevándose consigo los cantos, las leyendas y los sueños de aquellos que lo respetaban como si fuese un hermano.


Muchos años después, sentados en esta banca, te comparto el secreto que mi abuela me regaló: el canal de la Viga no ha muerto. Su alma se pasea bajo el asfalto. Por las noches, si cierras los ojos podrás escuchar al agua reir... como en los viejos tiempos.

21 de noviembre de 2012

Desnudo cielo

"Te invito a comer a un lugar cerca de mi casa" dijo Carlos de pronto, así de sopetón. Acepté. Había, sin embargo, algo raro en la proposición. Salíamos, claro que salíamos, solíamos comer siempre en sitios nuevos, enigmáticos, históricos... tan lejanos de los habituales. Fue por eso que me sorprendió la idea de saber dónde vivía. Hablábamos de muchas cosas, de literatura, del transporte público, de los fantasmas citadinos... pero nunca de nosotros. Él siempre fue callado, y yo una mala entrevistadora.

Me gusta mirar el cielo despejado, como desnudo, como transparente. Me gustan las hojas secas picándote las orejas, tus dedos fríos, blancos por la  mañana.

Llegamos al lugar en cuestión. No había ni fondita, ni restaurante, ni puesto de quesadillas. Era  Carlos con dos tortas en las manos sentado en la banca de un parque medio pelón, medio abandonado, medio parque.Comimos sin hablar, sin mirarnos a los ojos. Me creía en otro mundo, tan ajeno y cercano a la vez. Y de pronto lo vi como en un sueño: vi a Carlos niño trepando los viejos árboles, lo vi con un chicharrón preparado en las manos. Carlos mayor, con su primera novia, Carlos llorando, Carlos solo, siempre solo en la misma banca rota. Supe entonces que si estaba yo ahí era por algo, algo que él trataba de decirme sin querer, sin siquiera saberlo: la barrera de silencio que nos separaba había desaparecido, yo, su mala entrevistadora, me encontraba en su corazón.



13 de noviembre de 2012

Caminante, no hay camino....


Casi anochece. Tus pasos lentos. Vas dejando un poco de tristeza por donde caminas, una lágrima a penas, de las muchas que guardaste por tanto tiempo. Las palabras se terminaron ya, imposible un consuelo, una esperanza a estas alturas. Tus dedos fríos, tu boca también. Poco a poco te convertiste en un fantasma de todos los días, esos que encuentras viajando en metro, de los que tanto te burlabas.

"Mañana amanecerá soleado, el pasado parecerá sólo una pesadilla", dicen quienes te ven. Tú guardas silencio, sabes que es verdad... y aun así, nade puede salvarte de la noche infinita que te espera al otro lado del pasillo.

Tanto dueles, Noviembre.

8 de noviembre de 2012

Un día entre el miércoles y el jueves

Impredecible como la lluvia en verano, llegas con una sonrisa, tan simple que a veces tengo ganas de asfixiarte. ¿Por qué miras hacia arriba mientras caminamos? No es que me moleste, pero no me cabe en la cabeza que después de todas esas ridículas caídas, aún no te importa dónde pones los pies. En la ciudad es inútil mirar el cielo; no se ven estrellas y cada vez hay menos pájaros bailarines. 


Impredecible como la lluvia en verano. Por más que lo intento no puedo detenerte, controlarte, brincas, ríes, fluyes, me hablas en ese tu idioma sapo que no comprendo. Con las manos vacías al final del día; te me escapas entre los dedos fríos, dolidos, medio mordidos, pobres, pobre de vida, así me dejas. 

Los días son largos, dolorosamente maravillosos, a tu lado (también sin ti, porque he aprendido a amar tu fantasma).

19 de octubre de 2012

Camino a la eternidad

Jamás tus ojos perdidos, jamás tus palabras ligeras, jamás tu ausencia; todo lo entierro, todo lo olvido. A partir de este momento la historia la escribo yo. Y así como te reconstruyo con palabras, así yo estoy hecha de un sueño tuyo (juntos los dos, siempre).

10 de octubre de 2012

Huye luna, luna, luna.

Toco tu piel con los ojos cerrados, poco a poco... para no volverme loco, para no morir de un paro cardiaco; escuchándote. La forma en que destilas belleza al unir unas cuantas palabras con tu sangre, esa que me invitas a probar y que no acepto, para no añadir un elemento más a la lista de mis tantas adicciones.

Tú y una tarde otoñal, el sol en las ventanas de un cuarto piso, tú negándolo todo para no aceptar lo mucho que te gusta: Lorca. La emoción con la que llenaste la habitación de él, su muerte, su vida, los hijos que nunca tuvo, sus amoríos con Dalí, sus amoríos contigo, conmigo, con todo joven que al leerlo se enamora de la Luna. El blanco que no encontramos en nuestra alma, ni en las escaleras que recorremos antes de despedirnos, tres, dos, uno, adiós, nos vemos mañana porque hoy en la noche morirá de un balazo en el culo, adiós.

Que no nos olvidamos de él (ni yo de ti, ni tú de mí).

3 de octubre de 2012

El límite del tiempo

"Mi madre me dijo que uno no puede vivir sin saber de dónde es uno, y saber de dónde es uno es saber dónde están enterrados nuestros abuelos"


"El pasado son todos nuestros muertos"
 
Bajo california: El límite del tiempo (1998)

25 de septiembre de 2012

Los últimos días del verano


Las flores silvestres que adornan nuestro camino, tus pies descalzos, los dos nadando entre la hierba morada que nos cubre las piernas. El metro infestado de gente; se abren las puertas y tiras de mi mano para salir... mientras (suave, lenta, casi imperceptiblemente) recargo mi cabeza en tu espalda. Cierras los ojos y estoy contigo. Jugamos a ser ranas, saltamos charcos, corremos entre las milpas, robamos elotes, antes de que el sol se esconda. Me enamoro -sin querer- de tu sonrisa de flor de calabaza, de tus ojos-camote, del simpático grillo que vive en tu oreja;  tú sentado en la banqueta, yo buscando ciruelas entre las ramas del árbol más alto de la colina. Alejados del mundo, tiramos la escalera que nos ayudó a subir... nos quedamos arriba toda la noche.



-Las luces de la ciudad se ven mejor reflejadas en tus ojos- dices rompiendo el mágico silencio que nos envolvía. Me salvas de mí misma. Comienza a llover y como si fueras mi hijo duermes en mi regazo. No tienes por qué contarme tus pesadillas, lo sé desde la primera vez que me besaste; no eres libre. Como Perséfone* debes marcharte y yo como Démeter* me convierto en la primera hoja seca que es aplastada por tu tenis, contra el asfalto.


"Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo" Rosario Castellanos

*http://boj.pntic.mec.es/~aalamill/3_persefone.htm


11 de septiembre de 2012

Perfume de gardenias...

Lo vi todo en cámara lenta; mi cabeza cayendo, mi cabello suspendido en el aire, y flores como mariposas blancas huyendo de mí. La gente en silencio, todos movidos de sus asientos, los que ibamos parados ahora en el suelo uno sobre el otro. Mi mente no funcionó hasta que se escuchó el crujir de ambas máquinas al estrellarse... y luego la oscuridad.



Siempre había querido regalarte flores, por eso, al salir del metro aquella vez no dudé en comprar uno de los pequeños ramos de gardenias que vendía una viejita. Subí a prisa a la micro, estaba cansada, pero igual me mantendría despierta  la esperanza de -por fin- verte otra vez...