¿Cuánto tiempo ha pasado? No podría decirlo; sólo sé que ya amaneció y seguimos los dos sentados en la mesa donde corren nuestros pensamientos. Nos quedamos sin palabras (ya no quieres hablar del clima, ya no quiero hablar de los vecinos). Busco tu mirada y no la encuentro: callado, concentrado miras tu taza de café desde hace tanto tiempo. Tengo frío Carlos, y no quieres darte cuenta. El silencio de la mañana sólo se ve perturbado por el viento el viento que entra por la ventana (mi cabello despeinado moviéndose, las flores marchitas también)...
Te vas, no hace falta que lo digas. Lo sé... la razón no me importa (pero a ti sí, por eso es que sigues aquí, a mi lado, despidiéndote sin palabras). ¿De qué servirían los reproches, los recuerdos de un pasado que ya no existe? De nada, por eso es que nos quedamos sin palabras. Se nos fue de las manos Carlos, ese sueño que hoy se transfroma en una pesadilla.
Me hago la fuerte, me lavanto de la mesa. Me baño, me visto, me peino. Tomo mi bolso. Alcanzo la puerta y, tragandome las lágrimas, volteo y te miro antes de salir. Tus ojos (por fin) se encuentran con los míos; me miras con cariño, con dolor. Por qué, Por qué, Por qué Carlos. Respiro por última vez tu olor, abro la puerta y salgo de la casa.
Por hoy quiero olvidar que al regresar encontraré (de nuevo) una casa con las luces apagadas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Y qué dices tú?