Me quedo en tu espalda clara; salvavidas en la oscuridad. Me quedo en
tus ojos frescos de las diez pe eme, en las palabras que a cuentagotas
caen en el adén del metro. Yendo hacia ningún lugar que valga la pena;
las estaciones se suceden y como la arena de un reloj, el tiempo se
agota entre mis manos. En qué parabus, en qué puesto de dulces nos
volveremos a encontrar. Pronto serán las once de la noche, luego las
doce, la una, las dos. Las calles vacías, soledad que se respira entre
el sábado y el domingo, cuando tú no estás aquí. Cuando yo no estoy
ahí. Quién tejerá mis trenzas si no son mis manos.
Este mapa no me alcanza para ubicar el lugar donde estoy, quizá porque
llevo por guía un par de ojos ajenos. O no. Son los míos pero distintos a
los que tenía cuando me conociste. De un tiempo para acá todas las
plantas de mi balcón fueron muriendo, y un pedacito de (mi) vida con
ellas. Pero con cada despedida un encuentro, por eso estamos aquí, en un
vagón del metro que avanza rápido por las entrañas de esta
ciudad-monstuo. Hablamos de las hormigas que sobrevivieron al diluvio de
ayer, de los grillos que a veces cantan en los rincones de la casa de
mi abuela, de los piojos que abandonaron tu cabeza desde que cambiaste
de shampoo. Quisiera detener el tiempo, un momento, para tomar tu mano y
ponerla sobre mi pecho. Como no puedo, cierro los ojos para que no
puedas entrar. ¿A dónde? A las entrañas de esta mujer-monstuo.
If love is the answer, you're home; hold on.
[...]
I need something... more.
![]() |
| Foto de "La Ciudad de México en el tiempo" |

No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Y qué dices tú?