21 de junio de 2022

Sol-sticio: luz profunda

Amanece despacito. En el horizonte se mira un cielo blanco que habrá de durar mucho: hoy es el día más largo del año. Camino sin miedo por entre las sombras agonizantes de la noche. Adentro mío llevo una luz que ilumina el espacio por donde andan mis pies: es la fuerza de mi espíritu, potenciada por el amor de mis ancestras. 

***

Removemos la tierra para sembrar girasoles. La que un día fue árida y estéril, hoy se siente húmeda y nutritiva, "producto de nuestro trabajo", pienso. El año pasado "adoptamos" este pedacito de área verde rodeada de cemento: cavamos surcos, los rellenamos de residuos orgánicos y cuidamos las plantas que nacieron de esta composta. 

Seguimos trabajando, removiendo la tierra y yo lo pienso mejor: esta tierra más fértil no la hice yo, sino ella. Nosotras ayudamos, sí, pero todo lo hace ella, la naturaleza: se regenera, se adapta, fluye, germina, crece, alimenta, espera, llueve, florece, nace, muere. 

Ahí, con tierra en las manos, agradecí ser parte de su ciclo, nacer de ella, presenciar su fuerza creativa y aprenderle el ser mujer de manera auténtica y gozosa.


***

Llueve, el agua se estrella en el pavimento por donde pasan los carros. Cuánto te esperamos, digo en voz baja. Hoy, justo hoy sembramos sin regar agua porque ha estado escasa en esta ciudad sobrepoblada y los vecinos se enojan si la usamos "para las plantas". Te esperaba y llegas abundante y plena. 

***

Veo el calendario y cuento los días: hoy es el solsticio de verano y yo estoy ovulando. 


19 de junio de 2022

Pequeña andariega

 A la niña que fui y sigo siendo, a mi hermana y a Dory, por ciudades habitadas en femenino


Este par de pies... por cuántos caminos hemos andado. Cuántas veces subimos los escalones del puente peatonal, de uno en uno, de dos en dos para llegar a tiempo a la primaria. Los recuerdo vestidos de calcetas blancas y zapatos negros siempre polvorientos, listos para correr en el recreo aunque estuviera prohibido. 

Pies para recorrer las calles de una colonia ubicada abajo de un cerro, a un costado del canal de aguas negras y entre dos vías del tren. Piecitos curiosos de nuevos caminos, rutas desconocidas, solo imaginadas: camiones, combis, micros, y el metro cuando llegó a Ecatepec. 

Tierra, pavimento, jardineras. Lugar de fábricas y trenes, puntos ciegos en las noches, inundaciones en época de lluvias. Piecitos, no tengan miedo. 


***

Que tus pasos vayan siempre llenos de seguridad y calma, que su dirección esté acorde a la de tu deseo, que la confianza acompañe tu andar en la vida, Susana-pata-de-perro. Que la fortaleza de tus ancestras andariegas fluya por toda tú y se contagie en el reflejo de otras: niñas que algún día habríamos de ser adultas. 

Imagino un mundo lleno de mujeres caminándolo sin miedo, libres, felices, mujeres en las calles en el día y en la noche, habitando los caminos de una ciudad estrellada. Río de vida, fluimos en los espacios siempre acompañadas por nosotras mismas. 


Texto escrito durante el taller: Escribiendo y sanando entre mujeres facilitado por Carmen Correa. 

10 de diciembre de 2018

Desde la oficina

Abro los ojos y ya es invierno. El tiempo se pasó volando en ires y venires a Balderas, noches de trabajo, de aprendizaje. Mensajes de whatsapp que aterrizan el anhelado sueño, la revista que condensa lo que creemos y deseamos. Y el amor... tímidas olas de un mar quieto. Un día me mira en Buenavista, otro día entra de impreviso en la oficina. Sueño con él y no me atrevo a confesarlo porque no quiero perderlo.

El centro, escenario principal de mi acontecer, la Mediateca del CCEMx, el Rule (donde estuvo el zoológico de Moctezuma), la biblioteca México con sus compus infectadas de virus y sus plácidas salas, la Ciudadela, la Alameda, el Mercado 2 de abril. El Zócalo un sábado a las 10:50, la pura vida.

La magia se convierte en cotidiano y yo quiero viajar a todos lados en mi bicicleta. Ojalá no tuviera miedo al atravesar San Pablo en la noche cuando ya no hay puestos y las calles son tomadas por ... no sé. Imagino que narcomenudeo, trata de blancas, hombres hambrientos de sexo.

Mi cabeza es una telaraña y busco en sus ojos el espejo que me ayude a desenredarla. Me abraza la fuerza de sus palabras y sigo. Camino alegre porque con él me duelen las mejillas de tanto reír. Luego los días corren entre periódicos antiguos, llamadas y peticiones que no comprendo. Escucho lo más que puedo, quiero entenderlo todo, no lo logro. Sigo.

Dos veces a la semana el ritmo cambia y puedo ver al cielo atardecer. Salir por ahí, quizá un pulque, quizá una película. No avanzo en mi tesis y eso es como una piedra en el zapato. Pero no me aguito, disfruto hasta que llega el martes y vuelvo a la rutina.

De intercambio navideño quiero un caracol para poder escuchar al mar desde la oficina.






17 de julio de 2018

Futuros y nostalgias, 17 de julio

12:16
El Centro Cultural España es uno de los lugares más completos del Centro. Diría, aventurada, de la ciudad. Subimos los cuatro pisos que separan la planta baja de la mediateca. Después de parar en "Recuerdos del futuro" una exposición temporal sobre memoria y Guerra Civil Española, llegamos: una de las vistas más bonitas de la Catedral. 

Nos registramos, dimos un vistazo a los libros. Diseño, arquitectura, literatura, gestión cultural. Qué emoción. Estos días han sido de pensar y pensar y pensar. Baladí acá, baladí allá. Una vez dijo Marissa en clase que cuando tienes un proyecto todo gira alrededor de él: lo desayunas y lo cenas. Creo que algo similar nos está pasando. 


15:45
Hambrientos, salimos a buscar qué comer. El Centro es una infinita posibilidad de manjares. Después de reflexionar un rato nos decidimos por una tlayuda. Caminamos a la zona de productos oaxaqueños, cerca de la Santísima Trinidad, y encontramos más gente de lo normal. Será porque son vacaciones, o porque esta es la ciudad del ambulantaje. Qué diferencia a Aguascalientes, ahí sólo encuentras helados en una paletería establecida y no en plena calle (o bueno, eso me contaron). 

El lugar que recordaba sencillo ya es un súper comedor oaxaqueño. Cuatro mesas largas de madera albergan a unos 25 comensales que con sus bolsas llenas de compras se dan un descanso para alimentar la tripa. Pedimos una tlayuda con tasajo y chorizo, partida a la mitad. Comenzamos. El saborcito de los frijoles, la salsa verde en su punto y el crujiente de la tortilla gigante nos llenaron el corazón (porque la panza no). Un pedacito de Oaxaca en Ciudad de México.... hasta juntemos plata para ir aunque sea un fin de semana.

16:30
No puedo creer que Beto nunca haya comido capulines. 

17:00
Subo a la micro que ha de llevarme a casa. Tranquila, rápida y barata, tiene todo lo que uno desea en el transporte público. Una de las muchas charlas que suceden dentro llama especialmente mi atención. Es un señor de unos 40 y pico que les va contando a sus hijos (una niña de unos 10 y un niño de unos 12 años) sobre los antiguos cines de la zona. Los niños lo escuchan y le preguntan por qué desaparecieron. "Por las nuevas cadenas como Cinemex o Cinépolis". "¿Desde hace cuánto tiempo?", "Tendrá unos 20 o 25 años... Mira, ahí estaba el cine Sonora". 

El padre transporta a sus hijos a los años ochenta, las películas que él vio, a las calles donde él anduvo. "Antes era más bonito, y aaaaantes todavía más. A mí me hubiera gustado nacer en 1950". Me da muchísima curiosidad no tanto la nostalgia empedernida del padre como la atenta mirada de los niños... ¿en qué piensan? ¿cómo se imaginan el pasado remoto que son los ochenta en este siglo XXI? ¿Por qué están interesados en los recuerdos de su padre? ¿Estamos condenados a añorar siempre lo que no vivimos?

Se bajaron antes que yo. 
Me duelen los pies, creo que caminamos mucho.


21:27
Hacía rato que no escribía. Últimamente he pensado en cómo parece que la escritura no es suficiente para comunicar en este mundo digital. Lo que rifan son las imágenes y los videos. Lo que rifa es saber programar y tener mil ocho mil seguidores en twitter.  La era millennial de la comunicación. ¿Cómo nos recordará la gente del futuro? 


23 de abril de 2018

Asfalto mojado

Mira qué rápido comenzó la temporada de lluvias. Apenas me estaba acostumbrando a volver a usar huaraches y ahora no puedo porque se me inundan los pies. Ah, pero no te espantes. Hoy no enumeraré los aspectos negativos que conlleva este pequeño diluvio en la ciudad. Me olvidaré de todo y dormiré escuchando el sonido que provocan los coches al avanzar rápido por el asfalto mojado. 



En días como hoy te extraño mares. Recuerdo el súper equipo que hacíamos juntos. Tú el de la acción, la ambición, excelente vendedor. Yo, la de la pertinencia, la que lo piensa todo y hasta después se anima a actuar. Equilibrio y contrapeso. El tiempo embellece lo que toca y a mí me da por añorar que estés aquí para echarme porras, o al menos para cocinarme un filete de pescado con chile morita.

***

Soñar trabajando, trabajar soñando. Por más que me esfuerzo no se me ocurren ideas geniales y emprendedoras que me hagan ganar mucho dinero. Eso es lo que importa, ya ves. Me siento cansada. ¿Cómo haces tú para recuperar la esperanza? A mí ya se me olvidó. 

22 de marzo de 2018

Breves reflexiones al inicio de la primavera

Ojalá que la distancia que nos separa pudiera ser fácilmente recorrida en bici. Media hora de camino para pasar a saludarte los miércoles por la tarde. Ombligo de semana. Lanzaría piedritas a tu ventana y esperaría pacientemente sentada en la banqueta. ¿Qué se puede hacer en tu barrio? Espero que tenga paletería o una cafetería sencilla o un parque con muchos juegos. Yo no sé por qué pero me relaja ver a los niños subir a las resbaladillas, perseguirse entre ellos y caerse. Un ratito para perderme en tus ojos y luego chao antes de que anochezca porque me da miedo que un auto me atropelle. Claro que con mi casco me siento segura, pero ye ves cuánto loco hay por ahí. ¿Sabes qué sería peor que eso? Morir arrollada pero por un turibus. Con lo mucho que los odio. 

Si muriera joven me gustaría tanto que mi memoria fuera guardada por algún sobrino o sobrina. Para que al pasar de los años alguien me ponga una ofrenda en día de muertos y en ella no se olvide de colocar un pedacito de queso con ate. Es lo único que pido. Eso y si no tienen muchas almas a las que alimentar, me gustaría un vasito con leche de búlgaros (los únicos hijos que tuve). Lo malo que mi hermana no quiere ser madre y pues yo veo difícil ser tía. A menos que mis primos me presten a sus hijos como sobrinos, ahí sí que sería feliz.


Cómo me gustaría ser tía. Si lo fuera llevaría a mis sobrinos a Chapultepec para que se pintaran la cara y entraran al Castillo. Seguro que en diez años desde las alturas con tanto esmog no se vería nada. Pero qué emoción subir un cerro en domingo con tanta gente. No es cierto. Increíble que en el siglo XIX una de las mayores preocupaciones era la mortandad de los niños... ¡llegaron a pensar que la Ciudad de México iba a desaparecer! (JAJAJAJA). 

Hoy nos preocupamos porque esta ciudad ya no da para más, o eso creemos. Ya se va a acabar el agua, ya nos chingamos los ríos y los animales, el horizonte y el aire limpio. Y somos más y más y más. Hasta que esto colapse o hasta que pase el tiempo y los hombres y mujeres del futuro se rían de nuestros miedos apocalípticos. Porque sí algo he concluido con todas las reflexiones que he tenido en estos días, es que no somos nada; apenas una pequeña existencia en el tiempo. Salvo que, como me dijo Gessén, el mundo se acabe en 300 años. Ahh no, perdón, el mundo no, los humanos. Sí, el planeta Tierra seguirá enfriándose y de nosotros quedarán todas las cosas de plástico que fabricamos y que no se van a deshacer en mucho tiempo. 

Ojalá que viviéramos más cerquita para recordarte cada que pueda que por favor, cuando programes un robot, lo bloquees para que nunca se revele contra los humanos. 

Gracias. 





29 de enero de 2018

Please keep me in mind

¿Cuántas veces nos hemos encontrado aquí, en el punto sin retorno? En el querernos pero a destiempo. Una vez tú, otra vez yo; nunca los dos juntos. O sí, pero no por entero. O sí, pero sin querer aceptarlo. Cuántas cuadras han avanzado estos pasos deseosos de besarnos debajo de una marquesina mientras afuera llueve y se mojan nuestros pies. Viajando en una micro que atraviesa un desnivel, todo se oscurece y ahí quedamos los dos... aún no tomamos el primer pulque y ya estamos borrachos.

***

Son las ocho de la noche en el centro y sentados en una mesa de metal de un bar barato, platicamos y reímos. Quiero guardar este momento en lo más profundo de mi memoria. La gente, la música, tus manos. Calles viejas, sueños frescos. Si tomara una foto sería inútil; más tarde me robarán mi celular, o lo perderé en el metro Isabel la Católica, o mi disco duro explotará y ahí muere. Ahí murió: tú diciendo que no se puede. Yo escondiéndome de ti.

Pero luego volvemos, como cortar mantequilla, fácil. Volvemos a cantar y me pregunto si esto tiene un final. Si revivió o sigue muerto. Si recuperaré las fotos que se perdieron, los archivos del 2016. Si tendríamos un futuro juntos.... Si te hago más daño que bien. 

***

Nos reencontramos en el punto sin retorno. Viejos conocidos. No sabemos qué decir, ni hacia dónde caminar. Qué bonitas son las fuentes de Tlaxcoaque. De día y de noche. Ojalá que no hiciera frío y tuvieramos el atrevimiento de los quince años para mojarnos en ellas. Hoy, después de un año, lo único que puedo volver a decir es: please, keep me in mind.







12 de diciembre de 2017

Veinticuatro de diciembre

Mil novecientos ochenta y siete

Mis papás se casaron un miércoles 23 de diciembre. Yo sé, un día muy extraño. Cuando fueron a pedir la misa en la iglesia, encontraron que los sábados  que le restaban al año ya estaban ocupados. "Yo no sé por qué todos quieren casarse sábado o domingo, habiendo tantos otros días" comentó el padre. "Ah, pues entonces casémonos entre semana". Y así fue.

A mis papás, como a muchas otras parejas del mundo, les pasó lo que al piojo y la pulga de la canción. Ya casi que no se casan porque no tenían dinero, pero salieron al "rescate" los padrinos. Mi tío donó un borrego, mis tías hicieron el pastel, la mamá de mi mamá el arroz, y los papás de mi papá el vestido de la novia. Fue una fiesta sencilla, en la casa donde creció mi padre. Por las fotos que he visto, sé lo mucho que se divirtieron los invitados.

Al día siguiente estaban ya en el departamento que comenzaron a alquilar cerca del metro Chapultepec, cuando no había edificios de 50 pisos en los alrededores. Era nochebuena y no tenían ni luz, ni gas, ni muebles, así que fueron a la rosticería de la esquina, compraron un pollo y lo cenaron sentados en el suelo, usando una caja de cartón por mesa. 

Dos mil trece

Es muy chistoso, yo no sabía que en nochebuena se debe ir a la iglesia. Lo supe hasta hace unos años, cuando un veinticuatro de diciembre, desde la cocina de la mamá de mi mamá (un tercer piso), divisé las torres de una iglesia barroca. Me intrigó porque mi abuela vive en el norte de la ciudad, donde las iglesias son mucho más recientes. Le pregunté y ella me contó que comenzaron a construirla cuando ella era niña. "Si quieres vamos a verla" se ofreció y yo luego luego le dije que sí.

Más tardecito, después de comer, emprendimos la caminata. Antes de salir, mi tía nos dio su niño dios para que lo lleváramos a bendecir. "Bueno, está bien" pensé, sin agarrar la onda. Caminamos hacia el sur, por las calles amplias donde ella creció. Cómo me gusta su barrio de casas de uno o dos pisos. Cómo me gusta el mercado y los vasos de yogurth con fruta que venden ahí. Íbamos platicando de sus andanzas de joven en los salones de baile del rumbo, de las gitanas que hace muchos años tocaban a las casas preguntando si querían que les leyeran la mano. Atravesamos el circuito, el antaño río Consulado que ella recuerda vivo. Seguimos un poco más. 

Después de treinta y cinco minutos llegamos. La iglesia, sí, bonita. Entramos y ahí fue donde lo comprendí todo. Vi a mucha gente con sus niños dios; es costumbre ir a misa en ese día tan importante. Nos acercamos a la pila de agua bendita. Saqué al niño dios de mi tía y y le hundí la cabeza en el agua. Me reí y mi abuela conmigo. Y en eso que sale un muchacho de quién sabe dónde. Me regañó: "No, así no. Debes hacerlo con cuidado. Así, mira" y me mostró cómo. "Ah oc" pensé aguantándome la risa. 

Volvimos contentas, con un niño bendito, un aprendizaje y el bonito recuerdo de la última vez que mi abuela quiso platicarme su pasado.

Dosmil quince

Nos quedamos de ver en el metro Eduardo Molina a eso de las 4 de la tarde. Yo me escapé de la casa de mi abuela mientras todos comían (lo que sucede es que ahí el festejo de nochebuena comienza desde temprano, cuando mi mamá y sus hermanas se reunen a cocinar,comen y luego cenan). Lo vi y como era natural en esos días, el corazón me bailaba en el pecho. Le llevé unas tortitas de camarón y él me dio unos aretes verdes. Quizá suene normal, pero para mí fue algo muy lindo y extraño. En casa nunca nos regalamos cosas en esa fecha. Ni ponemos arbolito de navidad, ni corona de adviento en la puerta, ni todas esas cursilerías de Santa Claus y nieve artificial.

Entonces estaba ahí, recibiendo los aretes verdes más bonitos de la historia. Me sentí como Akane en el capítulo "Una navidad sin Ranma". Luego fuimos por una paleta de hielo y jugamos maquinitas antes de que se hiciera de noche.

...Ah, se me olvidaba, justamente regalé los aretes verdes casi un año después. 






3 de noviembre de 2017

Un puente a la mar

Hace un par de semanas que comenzó el frío. El otoño es evidente mientras la ciudad recupera el ritmo y la alegría después del sismo. Yo sigo temiendo un temblor cada que estoy en el edificio que evacué a toda prisa aquél 19 de septiembre a las 13:14hrs, pero nada fuera de lo normal. A todos se nos acelera el corazón cuando escuchamos un sonido parecido a la alarma sísmica y vivimos pendientes de la ruta de escape.

Al menos no te enteraste de toda esta desgracia que fue septiembre en esta ciudad. Temblores, socavones, inundaciones, feminicidios. Una sensación como de que el mundo estaba por finalizar. Pero no sucedió. Lo único que se termina es el año, a quien muchos dan por muerto aunque todavía le restan dos meses.

***

Me pregunto si, aun cuando no celebraste el día de muertos durante tu vida, vendrías a visitar la ofrenda que te puse. Elijo creer que sí e imagino tu risa al mirar lo linda que quedó. Será la primera vez que comas pan de muerto y que huelas una cempasúchitl. Recorrerás las calles del barrio adornadas con papel picado y quizá algún perro pueda verte. Te encontrará tan bonita como siempre, con tu cabello largo y tu andar suave. 

Ven a visitarnos el año que viene, te extrañamos mucho.



Yo quisiera si pudiera, ponerle puente a la mar...


2 de octubre de 2017

Sábado atrasado

Un te quiero por cada día que no pasamos juntos. La distancia se hace larga, como la carretera que hay que atravesar para estar contigo. Un beso en el cuello por cada instante que me faltas. Amar es la carencia constante, el deseo constante de mis dedos navegantes de tu piel. 

"Nunca es tarde si la dicha es buena"

Te encuentro en el filo del tiempo. En la última costa del mundo, el abismo absoluto. La angustia me inunda y sólo encontrarme en tus ojos me devuelve al mar en calma. Es que tú duermes todos mis dolores. 




El sábado comienza cuando mi mirada se cruza con la tuya y en un abrazo me cercioro de que no eres una ilusión. O sí. A estas alturas, lo dudo todo. Por eso prefiero decir que esto es un sábado atrasado.

25 de agosto de 2017

An/zures

Vuelvo a la colonia Anzures después de un año. Qué relativo es el tiempo; parece que todo sigue igual y a la vez pequeños cambios revelan el paso de los meses. Un negocio que no estaba, balizamientos más desgastados, nuevos baches en el asfalto. Yo misma soy distinta a aquella que atravesaba Gutemberg en ecobici con su línea del deseo apuntando al hombre de los mapas. Irónico ¿he? El hombre de los mapas estaba más perdido que yo al terminar la universidad. Son finales de agosto y regreso con los mismos lentes pero con el cabello mucho más largo que en aquellos días. 

***

Trescientos sesenta y cinco días después puedo mirarlo todo como a través de un espejo. 


***

Batajando recuerdos-Claribel Alegría

Barajando recuerdos
me encontré con el tuyo.
No dolía.
Lo saqué de su estuche,
sacudí sus raíces
en el viento,
lo puse a contraluz:
Era un cristal pulido
reflejando peces de colores,
una flor sin espinas
que no ardía.
Lo arrojé contra el muro
y sonó la sirena de mi alarma.
¿Quién apagó su lumbre?
¿Quién le quitó su filo
a mi recuerdo-lanza
que yo amaba?


* Gracias Mafer por la recomendación del poema/ Gracias Xóchitl por ser motivo para reencontrarme con la Anzures

19 de agosto de 2017

Entre el sábado y el domingo... hold on.

Me quedo en tu espalda clara; salvavidas en la oscuridad. Me quedo en tus ojos frescos de las diez pe eme, en las palabras que a cuentagotas caen en el adén del metro. Yendo hacia ningún lugar que valga la pena; las estaciones se suceden y como la arena de un reloj, el tiempo se agota entre mis manos. En qué parabus, en qué puesto de dulces nos volveremos a encontrar. Pronto serán las once de la noche, luego las doce, la una, las dos. Las calles vacías, soledad que se respira entre el sábado y el domingo, cuando tú no estás aquí.  Cuando yo no estoy ahí. Quién tejerá mis trenzas si no son mis manos.

Este mapa no me alcanza para ubicar el lugar donde estoy, quizá porque llevo por guía un par de ojos ajenos. O no. Son los míos pero distintos a los que tenía cuando me conociste. De un tiempo para acá todas las plantas de mi balcón fueron muriendo, y un pedacito de (mi) vida con ellas. Pero con cada despedida un encuentro, por eso estamos aquí, en un vagón del metro que avanza rápido por las entrañas de esta ciudad-monstuo. Hablamos de las hormigas que sobrevivieron al diluvio de ayer, de los grillos que a veces cantan en los rincones de la casa de mi abuela, de los piojos que abandonaron tu cabeza desde que cambiaste de shampoo. Quisiera detener el tiempo, un momento, para tomar tu mano y ponerla sobre mi pecho. Como no puedo, cierro los ojos para que no puedas entrar. ¿A dónde? A las entrañas de esta mujer-monstuo.

If love is the answer, you're home; hold on.
[...]
I need something... more.

 

Foto de "La Ciudad de México en el tiempo"

26 de julio de 2017

Magdalena

Era casi seguro que hoy llovería. Solo con saber que es 22 de julio, día de María Magdalena. La verdad es que ese personaje me cae bien porque no fue la típica virgen virtuosa-toda-la-vida; conoció de todo y al final, aunque se deshizo en lágrimas, amó y fue amada. Mira qué chistoso, acabé tomando misa precisamente hoy.... se la debía.

***

Existen, tras la lluvia, diversos tipos de charcos. Los pequeños poco profundos que uno puede pisar sin consecuencia alguna; los largos que se extienden en toda la banqueta y obligan al transeúnte a caminar sobre el arrollo. Hay charcos engañosos donde usualmente se ahogan decenas de zapatos. Pero los peores son aquellos que, aprovechando los desniveles del pavimento, conforman un complejo sistema de islas y lagunas que hay que atravesar con estrategia y equilibro. 

Una vez resguardados del agua, nos miramos a los ojos y nos echamos a reír. No sé por qué. Será que la travesía fue divertida y un poco fallida (se nos mojaron los zapatos y hasta los calcetines) o será que después de llover se respira un aire tranquilo y suave. Miro el mundo claramente y a lo lejos alcanzo a ver fuegos articifiales. Debe ser en la Magdalena Mixhuca, o algún otro pueblo loco que le reza a la santa. Qué importa; nos sentamos a verlos mientras el sábado avanza por la Alameda Central.

María Magdalena de Jicotlán, Oaxaca

10 de julio de 2017

MP

Desde que te fuiste no ha dejado de llover ni un solo día.  Debes saber que la lluvia acá no es como en Manizales. Una vez que comienza a llover el día ya se jodió; es muy difícil que se componga, vuelva a salir el sol y suceda un sublime atardecer. Más bien todo se desmadra. Y no lo digo como una queja, al contrario. El aire está limpio y yo me la paso todo el día el la ventana viendo los coches y la estela de agua que dejan al pasar sobre los charcos. 

***
Sensación, Arthur Rimbaud

Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano,
herido por el trigo, a pisar la pradera;
soñador, sentiré su frescor en mis plantas
y dejaré que el viento me bañe la cabeza.

Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos:
pero el amor sin límites me crecerá en el alma.
Me iré lejos, dichoso, como con una chica,
por los campos , tan lejos como el gitano vaga.


***
El cielo es blanco, completamente blanco. Las mañanas parecen eternas y terriblemente frías para ser verano. Si vivieramos en la misma ciudad esta tade no sería tan melancólica, porque iría a visitarte a tu casa en bicicleta. Nos tenderíamos en tu cama a escuchar Caifanes, beber café y a mirar por la ventana lo que sucede en el mundo. Luego, cuando la lluvia pasara, saldríamos a dar una vuelta por ahí. Quziá a un museo, una refinada obra de teatro (donde me quedaría dormida y solo despertaría para aplaudir) o un simple atardecer reflejado en las nubes. 

Me pregunto cómo habría sido nuestra amistad si nos hubiésemos conocido desde niñas. ¿Habríamos festejado el día de las velitas en tu barrio o habríamos salido a pedir calaverita juntas en día de muertos? Qué lejanas parecían nuestras vidas hasta que nos encontramos. Me da tanta alegría pensarlo; en este mundo, viviendo en ciudades distantes, nos conocimos. Una rola y una chilanga. Bogotá y la Ciudad de México, capitales faltas del agua que antaño las cubría, reflejadas una sobre la otra.

***
Hasta que nos volvamos a encontrar, guarda estas palabras que te escribo. Yo guardaré en una cajita de madera el recuerdo de tu cabello largo y ondulado. 

No necesito flash, 
aunque sea de noche.
Porque no te apagas
eres de luz un derroche.


22 de junio de 2017

Carta al polo norte

Escribirte es como mandar cartas al lugar más lejano del mundo. A veces la tristeza parece eso; un espacio solitario, frío y oscuro... algo así como el polo norte (¿o el sur?). Me gustaría que mis palabras te transmitieran la alegría que por mi corazón transita. Por eso, antes de mandar esta carta, rocío en las hojas el perfume de mi cabello y meto en el sobre un pulparindo. 

Seré breve. Te mando todo el cariño que cabe en mi corazón. El recuerdo de una noche en los carritos chocones, un par de caguamas XX y un abrazo profundo que calme el dolor, al menos por un rato. Van adjuntas unas hojitas de toronjil para que te hagas un té antes de dormir y puedas soñar con otros horizontes. No te preocupes, el mundo sigue girando. Te prometo que cuando vuelvas habrá nuevos circuitos que programar y muchas calles para seguir caminando bajo un cielo despejado.

Por ahora disfruta el viaje y cuando tengas tiempo escribe de vuelta; esperaré con ansias noticias tuyas.  


Te quiere y extraña,

Murci.




14 de junio de 2017

Digno adiós

Nunca creí que una despedida pudiera ser tan alegre. La casa se llenó de personas queridas. Mis entrañables amigos de la secu, mis colegas gestoras, mis cuates hippies de la prepa más fresa. Vinieron mis primos, mis tías. Incluso algunos de los personajes que conocí haciendo trabajo de campo. Amigos de cerca, de lejos (sí, de Colombia también). Mis padres, mi hermana. No sé cómo cupimos en un espacio tan reducido. Será que el corazón tiene muchos tamaños. A veces parece tan pequeño, tan seco. Otras, como en ese momento, el corazón era tan abundante que no me cabía en el pecho. 

¿Qué se puede encontrar en una fiesta de este tipo? Apenas y lo pude imaginar. Hubo mucho mezcal, unos cuantos garrafones de pulque, aguardiente amarillo, chetitos y jícamas con chamoy pa botanear's. El baile no se hizo esperar; cumbias y ritmos tropicales. Risas, muchas. Incluso algunos poemas en un rincón, fueron recitados. Ya por la noche, pusieron a calentar agua para café y para chocolate con cedrón. Qué buena idea esa de traer pan de la ideal, pero mejor la de comprar una pizza de camarón; se acabó en un santiamén.

Aún no terminaba la fiesta y algunos ya pedían la fecha para la próxima. Bueno, aguarden, que el baile continúa. Y sigue y sigue. Hasta que nos duelen los pies, hasta que sudamos todo el alcohol, todo el dolor que cargábamos en estos rotos corazones. 

La música baja de intensidad y corro las cortinas del cuarto: ha amanecido.

***

Desenmarañé la tristeza, caminando. De a poquito las palabras me condujeron a lo que desde hace mucho tiempo me negaba a decir, a decirme a mí misma. No creí que el final pudiera ser igual de lindo que el comienzo. Pero aquí estoy, entera, completa, ya lo ves. Ahora sí, finalmente y con todo el amor que existió en mí; chao pescao.

***

Por lo que fue, lo que será y lo que sigue siendo. Por las puertas abiertas, las cerradas, las ventanas, los hoyitos que tiene el corazón. Por el compartir(se) que implica amar a alguien. Y por la dicha de celebrar la vida acompañada por tantas sonrisas. ¡Gracias!



11 de junio de 2017

Gypsy

Imperfecta como la piel de una anciana sonriente. Redonda y blanca como queso de rancho. Se me antoja un trocito en un taco. Quizá acompañada de ate de tejocote o como en Colombia, hundida en una taza de aguapanela caliente. Hoy la luna llena nos alumbra los sueños.

***
Dice mi asesora que debo dejar de escribir poéticamente en mi trabajo de titulación. Que no quedan claras las ideas, que así no me van a aprobar el protocolo. Marcó en amarillo todos los adjetivos que le parecían inapropiados. Yo no dije nada; seguía apenada por haber llegado tarde a la cita. Me quedé con las ganas de decirle que bueno, puede que algunas observaciones suyas tuvieran razón... pero que si quitara todas las metáforas del trabajo, sería como si yo no lo hubiese escrito.

***
Encontrar cauces de ríos muertos en la traza urbana actual... como una gitana leyendo el pasado en la mano de la ciudad.




Back to the gypsy that I was

17 de mayo de 2017

Contingencia/s

Mayo del dos mil diecisiete

El centro histórico a la hora de comer. Tres de la tarde; la gente va y viene, igual que los olores que hacen a las tripas gruñir porque denotan la diversidad de alimentos que se pueden consumir por estos lares. Caminaba apresurada por Moneda y al llegar al Zócalo te vi. Ibas montado en bici, esa que heredaste de tu madre. Vaya loco. Estamos en contingencia ambiental y tú como si nada, esquivando carros y a uno que otro peatón suicida (en el centro abundan). No te pude gritar. En realidad no quise hacerlo, preferí guardarte en mi mente así, fugaz. Apenas unos segundos ... cuatro, tres, dos, uno y no eras más que un puntito lejano, difícil de distinguir por entre los rayos del sol/ la neblina artificial que nos nubla los ojos.

Mayo del dos mil dieciséis

A falta de mar y barcos, decidimos emprender el viaje romántico en trolebús. Es que estos meses que la ciudad ha estado lo que le sigue de contaminada, todos los RTPs,  trolebuses y el tren ligero están gratis. 

Atravesamos la ciudad de oriente a poniente en el suave andar del trole (que con sus antenas conectadas a los cables de luz parece chapulín). Recargas tu cabeza en mi hombro y cuando comienzas a mover tus dedos involuntariamente sé que estás ya dormido. Mi querido marinero con olor a suavitel.

Ya casi llegamos a la terminal y me da pena despertarte. Hay mucho tráfico; eso te dará algunos minutos más para seguir soñando... ¿en qué? Quizá que paseas a tu perro por las calles torcidas de tu barrio. Caifán todo ansioso y tú con ganas de mirar el cielo (suerte que en el sueño la ciudad no está en contingencia ambiental). El semáforo cambia al verde y yo me imagino que es el viento en las velas de nuestro barco el que nos hace avanzar... tal vez un día.



26 de abril de 2017

Que nada sea todo

Hoy salí temprano del trabajo... es decir, antes de lo acostumbrado. Me emocionó tanto el escalonado caer del sol por la ventana que salí casi corriendo del edificio. Luego caí en cuenta que no era tan temprano; el horario de verano hace parecer que la tarde comienza cuando en realidad ya son las 7 de la noche. Esa repentina y breve emoción me condujo irremediablemente a ti. Por un pequeñísimo momento tuve un flashback: yo llamándote a tu rascuacho y siempre temporal celular para acordar una cita espontánea (aquellas que caracterizaron nuestra urbana relación). ¿A dónde me gustaría ir en este momento?

Quizá te pediría vernos en la rehabilitada (para que me entiendas) plaza Seminario, como aquella vez. ¿Te acuerdas? Yo sí:  subí las escaleras del metro Zócalo y caminé buscándote entre toda la gente. Te encontré platicando con una señora que tenía en una mano una bolsa llena de mercancía y en la otra a un chamaco de 6 años (seguro su nieto). Ella te contaba la odisea que le esperaba para volver a su casa (la periferia de la que tanto te platiqué) mientras tú imaginabas aquello como un cuento, por ser tan ajeno a ti. Ay, esa manía tuya de ir haciendo amigos por todos lados. Me acerqué, mi mirada llamó a la tuya y en un acto reflejo sonreíste. Ay, esa costumbre tuya de sonreír cuando estás feliz, nervioso, triste e incluso cuando estás enojado. 

Una de las cosas que más me gustan de esta nueva etapa de mi vida es que ya no necesito usar el metro para ir del trabajo a mi casa. Basta tomar una micro y por cuatro pesos (próximamente cinco) estoy en mi colonia. Adiós al poco oxígeno y los apretujones del metro. La susodicha micro no tardó en pasar. Subí, pagué y me senté (sí, casi siempre alcanzo lugar). Tlaxcoaque, la Tránsito, el Sonora, el parque de los periodistas, la delegación. Voy mirando por la ventana recordando, recordando(te), recordando(nos).

Luego de encontrarnos en Seminario caminamos al extrañamente vacío Zócalo. Divertido te sentaste en el suelo y me invitaste a hacer lo mismo. Ay ese afán tuyo por hacer cosas tan simples. Me lo pensé un rato, pero como vi que tú no ibas a ceder me acomodé a un lado de ti. Y ahí estuvimos, debajo del mástil falto de bandera, en el centro del Estado-Nación (así, con mayúsculas), tocando las estrellas... hasta que se hizo de noche.

Te extrañé tanto. Te extrañé con las plantas de mis pies, las uñas de mis dedos, con cada uno de mis cabellos. Te extrañé desde lo más profundo de mis sueños, desde la más lejana de mis islas, desde la más debastada de mis ruinas. Hoy, sin embargo,  te recuerdo lejano, detenido en el tiempo. Agradezco que no hubieras vuelto para rescatarme del naufragio, porque así tuve la oportunidad de rescatarme a mí misma.



7 de abril de 2017

Sueños azules II

"Antes también sucedió algo parecido, ¿no? [...] Hablamos en un sueño. ¿Ahora es también así?" B.Y.


Voy de tu mano, caminando por el lugar donde viví la infancia. Sé que eres tú, aunque no te puedo ver el rostro; solo miro tu espalda, pues vas adelante de mí. Crecí en una colonia donde las calles tienen nombres de puertos: Puerto Marquéz, Puerto Acapulco, Puerto Vallarta... nosotros caminamos por Puerto Guaymas, la calle más bonita porque es la que tiene camellón. Vamos a la altura de la papelería. ¿Me creerías si te cuento que una vez dejé mi bici olvidada ahí? Llevaba a mi hermana en los diablitos, estacionamos la bicicleta afuera, entramos a comprar unas monografías y cuando salimos, nos seguimos de largo. Por suerte la guardaron y días después, cuando notamos su ausencia en casa, fuimos a recuperarla. 

Seguimos andando. Tu playera es verde y en ella se mira la sombra que proyectan los árboles llenos de hojas. Mi mano tomada de la tuya, guia al resto de mi cuerpo. ¿Por qué estamos en este lugar? Parece que lo conoces como yo, aunque nunca has estado aquí. Qué importa. Cierro los ojos y me dejo conducir por un mar de recuerdos.

*** 

A donde voy te llevo conmigo. Es que te has vuelto tan familiar que el ser yo misma implica ser un pedacito de ti. Los lugares donde hemos estado, las metáforas que hemos intercambiado, las tristezas y alegrías que hemos compartido. A veces no sé qué hacer con tantas palabras. Las tejo en sueños, y es cuando apareces aquí, a mi lado: sentados en un vagón del metro medio vacío. ¿A dónde quieres ir? Podríamos ir por unos tacos, una cerveza o al cine. Pero en la noche los cines están cerrados... igual que las bibliotecas y las tiendas de tornillos. Es chistoso. Cada que estoy contigo no puedo encontrar la luna. Será que mis ojos se hacen más miopes o que estamos destinados a coincidir siempre en luna nueva. Acaricias mi cabello y se me olvida todo: que es muy noche, que no tenemos un rumbo fijo, que debes volver a donde te esperan, que sólo eres un sueño y por lo tanto, desaparecerás en cuanto despierte.

Well I wonder
do you hear me when you sleep?
[...]
Please keep me in mind